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lunes

Las dos caras de la mentira

- Miénteme

Raquel cruzó el exiguo pasillo que separaba la entrada del salón donde él estaba en silencio, en una penumbra rota por la tímida luz de un flexo que iluminaba su lectura. Dejó el abrigo y el bolso en el perchero de la entrada, las llaves sobre el aparador, la misma rutina de cada noche, la última vez, pensó, mientras el gesto le cambiaba y se acercaba a él y trataba de recordar cómo había planeado que empezaría a contarlo todo. Observó sus zapatos manchados por la lluvia y vio en aquellas manchas lo turbio de su alma y trató de enjugarlo todo, aquella noche, tal como habían acordado, sin más demora. Lavar la conciencia como ahora, antes de empezar a hablar, con el gesto ya cambiado, nerviosa –seguro que él se había dado cuenta-, limpiaba sus zapatos. Él levantó los ojos del libro nada más escuchar el sonido de la llave y de la cerradura, como cada noche, y la aguardó con su mirada hasta que ella apareciese por la puerta del salón, los escasos segundos en los que ella colgaba el abrigo, el bolso, y soltaba las llaves en el aparador. Raquel apareció a sus ojos con el rostro cansado, nervioso, acercándose a una silla para limpiar con un pañuelo de papel sus zapatos manchados por la lluvia. Fue al agacharse, las rodillas flexionadas, qué absurdo, por qué no quitárselos como cada noche, cuando vio sus ojos mirarlo de soslayo, y entonces, antes de que ella pronunciase la primera palabra él supo, no quiso saber pero supo, y pensó: - Miénteme. No es verdad eso de que las mentiras sean perniciosas, ni de que la sinceridad sea necesaria. Yo no necesito esta ruptura de nuestras vidas que traerá tu verdad, no quiero el dolor de tu sinceridad. Miénteme. No quiero tu honradez, no quiero tu franqueza, quiero tu amor. No, por favor, no hables nunca, permanece como hasta hoy, con la única verdad que siempre conocí, por más manchada que estuviese a los ojos del mundo, los míos no quieren ver sino tu silencio, tu mentira encubierta o como quiera que fuese, no quiero el tormento de tu verdad, la angustia que vendrá, la vida que vislumbro en tus ojos ahora que por fin te has decidido a aclarar tu mentira, no lo hagas, miénteme, miénteme. Supo, y no quiso, y pensó, hasta que ella, insegura, comenzó a hablar.



- No me mientas

Mario abrió la puerta y soltó el maletín en la entrada mientras se aflojaba el nudo de la corbata que hoy le apretaba más que nunca y se dirigía hacia la única luz prendida que existía en el piso sabiendo que ella estaría allí, en la cocina, preparando la cena. No podía seguir mintiendo, así lo habían decidido y ya hoy habría de terminar esta farsa, esta comedia macabra que tanto dolor provocará pero tal vez sea necesario - el dolor- y también justo porque la mentira es sucia, es inaceptable y cruel, enturbia la conciencia y la propia existencia y todo eso debería acabar ya, hoy, mostrando la verdad, tal como lo habían planeado. Ella soltó el cuchillo con el que deshojaba las verduras para la cena, secó sus manos y esperó que el sonido de sus pasos a través del pasillo lo acercaran hasta la puerta, donde le sonreiría como cada noche y la besaría, ya con la corbata aflojada y la cara de cansancio, el rostro exhausto por el trabajo de cada día y entonces pensó: - No me mientas Mario, no me mientas cuando te pregunte qué tal ha sido el día, no me digas que hubo mucho trabajo en la oficina porque hace un par de horas yo te vi cruzar aquella extraña calle, dime que tuviste que ir a aquel sitio por algún motivo, dime la verdad, no trates de mentirme porque la mentira todo lo ensucia, porque el amor no existe en la mentira y si acaso tú hoy no me dijeses la verdad todo nuestro amor no existiría, como existía hasta hace un par de horas en que el destino me llevó a aquel extraño lugar y yo te vi cruzar, solitario, y adentrarte en aquella puerta lejana, oscura, desconocida. No me mientas. No me mientas porque la mentira es la muerte, es el pozo aciago donde se ahogan todos los valores de mi vida, de nuestra vida, nuestro amor, nuestra confianza, nuestro todo. No me mientas Mario, no me mientas al darme el beso y me hagas creer así que es el beso de la muerte, que todos los besos fueron falsos, que nuestro amor fue una ficción. No me mientas y destruyas así todo lo que mi vida es, todo lo que mi vida ha sido. Eso pensó ella, temblorosa, hasta que Mario, ya desde la puerta, y con el gesto cansado de siempre traicionó a la traición y la saludó de la misma forma que cada día, con la queja del trabajo en aquella oficina que fue coartada y ahora era mentira.


©José Luis Pineda Requena

domingo

Dos mujeres a la vez

Me descubrió y ese día la dejé de amar. O tal vez fuese antes, antes de que me descubriera, antes de que todo se precipitara, uno nunca sabe a ciencia cierta. Permaneció impasible, como si nada hubiera sucedido. Disimuló, puso sobre mi engaño el engaño de ella misma, enhebrando con resignación el falso hilo de nuestra continuidad y eso, no pude soportarlo. Sucedió al tiempo, casi a la misma vez en que el fingido amor prohibido agotó su espera atormentada y terminó por descubrir, de una forma tan distinta, la misma mentira que gira en todas direcciones. Sucedió casi a la vez, casi simultáneamente. Pero ya no había tiempo ni decencia. Ahora sé que no hay malos ni buenos, culpables ni inocentes, que no es posible amar a dos mujeres a la vez aunque haya versos que uno cite como excusa que repare una dignidad deslavazada o tal vez inexistente. La ocultación de mi calumnia, la huida de la espera, la soledad y yo, ese abominable ser desconocido que se revela en el espejo.


©José Luis Pineda Requena

miércoles

El lugar que separa el mundo

El lugar que separa el mundo de la nada
es una playa vacía
de piedras blancas y aguas azules
de horizontes silenciosos
y maltrechas intenciones

Allí, en esa orilla del fin del mundo
las olas susurran
palabras ahogadas
frases inconclusas
lenguajes que no entiendo

He llegado hasta ese límite vital
aniquilando recuerdos
desterrando pasados incompletos
para encontrar mi rostro en el agua,
sin reflejo

Para saber que tal vez es ahora
cuando todo empieza.
Todo empieza cuando todo acaba
al llegar a ese lugar infinito
donde el mar siempre descansa
imperturbable, anestesiado

El lugar donde gritar callado
en cada lengua extraña
que buscar es regresar
porque más allá de esa orilla
está la vida, está el mundo
donde no queda nada.

©José Luis Pineda Requena

sábado

Toco tu boca

El país ha publicado un interesante reportaje sobre un Cortázar inédito, publicando un relato, "Las caras de la medalla", que no había visto aún la luz. Además, en la edición digital, hay un par de poemitas recitados de la propia voz de este monstruo de los monstruos. Dejo el enlace y el ohh my gooood.

Toco tu boca