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miércoles

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz


Continúo con esta costumbre que voy a implantar de escribir la intrahistoria de cada libro que voy leyendo. Mi relación con Echenique no empezó bien porque mi primera lectura fue "El huerto de mi amada", que no tiene bonito más que el título. Es un horror de libro. Creo que una vez incluso llegué a decir que me había parecido tan malo como los de Paulo Coelho (sic). Sin embargo, salió a relucir este tema en una de las conversaciones literarias con el gran ANTONIO, ese personaje y pozo de sabiduría que lo mismo te cuenta la historieta para partirse de risa, que te hace un soneto con una facilidad pasmosa, que te corre 42 kms como hizo el de las guerras médicas. Pero bueno que me desvío, el caso es que el GRAN Antonio me abrió los ojos respecto a Echenique y me recomendó que leyese otras cosas, porque a él, que es un gran "echeniquiano", también le pareció un petardo con el que, curiosamente, ganó el Planeta. Bueno, entonces empecé por "Un mundo para Julius" y ya fue otra cosa amigo. De casualidad empecé este año "La vida exagerada de Martín Romaña" y ahí quedé atrapado por su peculiar estilo. El libro que ayer terminé, "El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz" es una continuación de la vida de Martín Romaña y básicamente narra las aventuras y desventuras de su vida a través de sus dos grandes amores, Inés (en el primero) y Octavia (en el segunto). No voy a hacer ninguna crítica literaria porque no es esa la intención pero sí he de decir que estas dos novelas me gustaron muchísimo y que por supuesto recomiendo. Aunque a la par advierto que es un estilo bastante peculiar. Y como todo lo excelso, o te gusta, o lo odias.

Esperas


Un día más, todo atardeció lleno de polvo.
Limpiar y esperar.
El final está más cerca.

martes

Turné taurina


El fin de semana estuve con Meli, Victoria y Arantxa de "turné" taurina. Espectacular la racha de Juan: puerta grande de arte en Atarfe (Granada), puerta grande de valor en Roquetas de Mar (Almería) y puerta grande de arte mayúsculo en Almadén (Ciudad Real). El viernes, mucho tiempo después, vi la corrida desde el callejón. Todo un privilegio que nunca alcanzaré a agradecer lo suficiente.

Además, todo aderezado de sol, playa y plácidas conversaciones. El bronceado is coming.

viernes

Un fragmento impresionante



Antesdeanoche tropecé con este fragmento en una interesante lectura de Bryce Echenique que ya explicaré cuando proceda. Estuve pensando que quizás yo venía intentando escribir ese párrafo desde hace dos años aprox. y obviamente no lo hice. Pero leerlo de las manos del maestro peruano me produjo tremendo relajo en el alma. No estoy solo. Hay alguien ahí.

Aunque no es un poema también hay poesía en la prosa y sinceramente, esto es lo más poético de una semana tan poco poética.

Buen fin de semana.

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"...Terminé de cerrarle el traje. Desapareció la piel morena de su espalda jamás vista hasta esa tarde. Oí su voz que me agradecía, la manera en que todas sus frases las terminaba diciendo siempre Martín, y dije, para mis adentros, besarte y después morirme. Pero no quería morirme, como antes. No, ya no. Ahora lo que quería era adorarla y amarla con pasión. Ser de ella. Atreverme a decirle que un hombre puede regresar. Nada más que eso. Que un hombre puede regresar en un mundo de madera a un mundo de fiesta y de verdad. Y al regresar de verdad, mi amor, tal vez atreverme a decirte que te quiero hace siglos."

© Alfredo Bryce Echenique
“El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz”

jueves

La vida entre serrín


Por fin el piso es de nuevo zona habitable. Después de la depresión que me atrapó el martes con el fiasco de la cocina, ayer no quedó otra que tirar de aspiradora, mopa y balleta. Ya todo está limpito de nuevo a la espera de que vengan a ensuciarlo otra vez.

Espero que todo esté terminado antes del próximo fin de semana que me iré a La Manga con César y María a comenzar las vacaciones, a ver si cojo un poco de colorcito. Anoche, tras el cansancio, un párrafo de Bryce Echenique hizo bueno todo el día. Esta noche trataré de transcribirlo y lo colgaré aquí. Fue un poquito impresionante, je.

martes

El amor existe en IKEA


Ayer estuve en el IKEA de Sevilla para dotar de menaje ese preciosísimo nidito sin amor que estoy montando y me llevé la grata sorpresa de encontrarme el amor en cada esquina. Que bonito ver que el 80% de las personas que por allí discurrían eran parejitas (más o menos) jóvenes en busca de esas cosas que les faltan para completar su pisito. Que bonito es el amor.

Acabé mareado y abrumado.

sábado

Te quiero


Te quiero. Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.


Luis Cernuda

viernes

Rosario Tijeras


Después de haber estado en Medellín uno se deja arrastrar al mundo de los sicarios, cómo no. Nada más volver, hace ahora ya un año y pico, recuerdo que leí con fruición una novela de Fernando Vallejo, "La virgen de los sicarios" recomendada por una de las más altas eminencias recomendatorias con las que cuento. Y me gustó mucho, la verdad. Sin embargo mi chip cambió y no me apetecían más lecturas de ese tipo, por lo que esta novelita, que pesqué en el aeropuerto antes de volver, quedó sumida en el olvido. Curiosamente creo que han hecho una película ahora basada en ella. Algo así refirió un amigo en una conversación el otro día y eso me hizo recordar que yo tenía el libro con el plastiquito y todo. Aprovechando que mi lista de prioridades está tan perdida como yo, la empecé justo después del dr. Jekyll y la impresión ha sido buena. Es una novela de las que yo llamo entretenidas. Aunque me quedé con las ganas de que profundizase un poco más en el mundo de los sicarios colombianos, tiene otras cosas interesantes. El personaje en torno al que gira todo es una mujer de muuucha fuerza. No sé cual es anterior, pero me da un aire a la protagonista de La Reina del Sur, de Reverte. La historia de amor de fondo, la violencia, el exceso, la perdición. Está bien.

jueves

Tormenta de verano


La tormenta le cogió por sorpresa. Era el mes de julio y el calor secaba el aliento. Caminaba distraída hacia algún lugar en el que completar una de aquellas actividades de las que había llenado su vida entre que se reencontraba cuando el cielo negro se ciño sobre ella. Las calles oscurecieron de repente para iluminarse fugazmente con la luz de unos relámpagos devastadores que precedían el rugir de algo parecido al fin del mundo. Tuvo miedo.

Miedo. El miedo era una palabra que no solía estar en su vocabulario, sino para exhortarlo. Mientras estuvo con él, alma atribulada y frágil, ella se sentía fuerte y jamás nombró el miedo sino era para engrandecerse protegiéndolo del mismo. Ahora, que ya llevaba mucho tiempo sin su amor, el miedo había venido a ella camuflado en tantas y tantas cosas que aquella tormenta de verano fue una más para sumar a su lista de fobias incipientes.

Sin tiempo para más se refugió en un portal para protegerse de sus temores, de aquella oscuridad perentoria, a esperar la lluvia que no llegó. Aquella tormenta sólo trajo rayos y truenos, y el silbar de un viento amargo e hirviente que parecía buscarla debajo cada coche, de cada papelera. La gente caminaba acelerada en busca de reparo mientras miraban al cielo sorprendidos por aquel inusitado panorama. Sentada en el rebate de aquel portal, ella observaba el devenir de unos y otros a intervalos cíclicamente regulares. Los que marcaban la distancia entre trueno y trueno, entre relámpago y relámpago que era cuando el destape de sus manos le permitían mirar el horizonte ennegrecido. Así, como en una ensoñación, en uno de esos pavorosos ciclos, lo vio. Acababa de detenerse ante el portal. Estaba solo y se dispuso a sacar un libro de la mochila para ponerse a husmear en él, así, en medio de una tormenta de verano. Parecía estar en otro mundo. Sólo él podía hacer algo así. Pararse a mirar un libro en medio de la vorágine como si el mundo no fuera con él y como si todas las almas que buscaban cobijo del estruendo no fuesen sino figurantes en una película en blanco y negro. No recordaba los años que llevaba sin verlo, sin saber de él, pero le pareció que no había transcurrido ninguno. Estaba igual. Había cambiado su forma de vestir, pero su esencia era la misma. La dulce expresión de su rostro, la sempiterna sonrisa y aquellos ojos negros que la cautivaron hasta la locura. Todo seguía igual y ahora, no sabía cuántos años después, estaba allí, separado de ella tan sólo por un par de metros, el cristal semitransparente de una puerta, en medio de una extraña tormenta.

Estuvo tentada de salir y abrazarlo, por sorpresa. Salir y pedirle, por una vez, que la protegiese. Tenía miedo. Ahora tenía miedo. Quiso sentirse protegida a su lado, experimentar la sensación que él tanto tuvo que disfrutar mientras la quiso. Pero la razón le pudo y en un segundo pensó por qué no recordaba los años que llevaba sin verlo, por qué ni siquiera se habían vuelto a preguntar cómo estaban en todo este tiempo. Fiel a sus principios no quiso molestar y siguió mirándolo, desde el escalón, aparcando su miedo y bandeando su deseo en medio de la tempestad.

Debieron pasar unos minutos que ella nunca supo calibrar y entonces, empezó a llover. Llovió de una forma suave como para calmar lo pasado. Él guardó su libro en la mochila y empezó a correr, quien sabe si buscando un portal donde refugiarse. La lluvia continuó in crescendo y fue entonces, al perderlo de vista, cuando decidió salir a la calle para vencer su miedo. Salir y sentir la lluvia. Mientras diluviaba y las calles estaban completamente vacías, ella saboreó el frescor del agua sobre su rostro y se empapó, de lluvia, de tormenta, de recuerdos y de olvido. Así, mojada y mojándose, continuó caminando por aquella calle, ya desierta, mientras pensaba que con miedos y todo, era ahí, en medio de una tempestad, donde se había acostumbrado a vivir y donde más cómoda se sentía. Después de todo, lo bueno que tienen las tormentas, incluso las de verano, es que al final siempre termina escampando.

©José Luis Pineda Requena
Córdoba, 12 de Julio de 2006

martes

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde


Tengo la mitad de mi biblioteca colocada en los armarios de la casa del pueblo y la otra mitad metida en cajas de plástico. Pero por fin, probablemente este fin de semana voy a volver a tenerla reunida por segunda vez en mi vida. La mayoría de la gente que leerá esto cuando lo haga público a lo mejor no entienden nada, pero si me conocen, sabrán lo que eso representa para mí...

Entretanto, voy leyendo de la forma más desordenada. Entre los libros sueltos, el fin de semana me encontré el clásico de Stevenson. ¿Qué decir? Me encantan este tipo de novelas, por más que crezco y por más que las releo siguen siendo mis favoritas. Fueron por las que uno se enganchó a la lectura y esa nostalgia en un ser como yo tal vez pese demasiado, por eso de tanto en tanto, regreso a ellas. Recuerdo que la primera novela que leí tras regresar de Dublín, donde tenía que administrar los libros en español con mucha sutileza, fue la Isla del Tesoro. Este finde, por purita casualidad, volví a Stevenson. Me encanta el relato de ese Londres oscuro y gris y fantasmal y la trama sencilla y magistralmente escrita de esta historia.

Las estantarías están por venir y mientras tanto sigo a salto de mata en mis lecturas.

lunes

Efeméride

Por cierto, hoy hace dos años que me vestí de blanco por primera y última vez en mi vida. Si es que ya me lo dijo César...no te da vergüenza...si pareces Figo. Jeje.

La próxima vez prometo ir de azul marino, por lo menos.

Qué rápido y qué lento pasa el tiempo a veces (siempre).

Nuevo Asentamiento

El lunes regresé de Alemania -previo susto en el aeropuerto- y casi sin tiempo para prepararlo, el jueves me mudé de piso. Ya estoy en mi nuevo hogar. Aunque todavía no tengo ni cama, ni puertas, ni cocina ni lámparas, ni muebles, ni ni tele...Bueno, tengo el baño, el sofá y el colchón y eso ya es un comienzo.

Conforme se vayan resolviendo todas estas cuestiones y el asentamiento sea total, prometo colgar la crónica del viaje a Alemania, y también las fotos en la web y bla bla bla....Entretanto seguiré colgando textitos atrasados.