Páginas

martes

Diga treinta y tres

Doctor: Diga treinta y tres
Paciente: Treinta y tres
D: ¿Ha dicho veintitrés?
P: No, no, he dicho treinta y tres
D: Fíjese, me había parecido oír veintitrés. Repítalo por favor.
P: Treinta y tres.
D: Pues me suena un poco raro ese treinta y tres suyo
P: Bueno doctor, es que a veces, yo soy un poco raro.
D: ¿Cuantos años tiene usted joven?
P: Treinta y tres.
D: No, no, no hace falta que lo repita, es suficiente, ahora quiero saber su edad. Es por el formulario.
P: Treinta y tres. Tengo treinta y tres.
D: Vaya, una edad magnífica esa. Cuando yo tenía treinta y tres años...¡ay! cuando yo tenía treinta y tres años...
P: Bueno, en realidad todavía no lo sé, los acabo de cumplir, pero no voy a hacer ningún esfuerzo por contradecirle doctor.
D: Treinta y tres...treinta y tres.
P: Pasa el tiempo, ¿Verdad doctor?
D: Bueno, eso depende de cada cual.

...

lunes

Back to the future

Bueno, este fin de semana he estado viendo una película que hacía 20 años -parece un chiste- que no veía y me he divertido mucho. Regresar al futuro. Ir al pasado. Permanecer en el presente. Como siempre que se acerca la fecha de mi cumpleaños, uno empieza a pensar sobre esos vaivenes temporales. ¿Cómo me imaginaba que sería al cumplir esta edad? ¿Cómo soy realmente? ¿Cómo veo mi pasado más pasado? ¿Y mi pasado más reciente? ¿Cómo veo mi futuro inmediato? ¿Y mi presente?

Casi todas ellas, preguntas sin resolver. Pero desde luego un entrenimiento al que cada vez saco más provecho. Se acerca el 19 de agosto. A ver qué se me ocurre este año que cumpliré esa cifra tan bonita. Estáis todos invitados -si es que alguien lee todavía este blog- a una cervecita a cambio de algún maravilloso regalo.

martes

Sublime (II)

“Cuando mueras yo te lloraré de veras. Yo me acercaré hasta tu rostro transfigurado para besarte con desesperación los labios en un último esfuerzo, lleno de presunción y de fe, por devolverte al mundo que te habrá relegado. Yo me sentiré herido en mi propia vida, y consideraré mi historia partida en dos por ese momento tuyo definitivo. Yo cerraré tus reacios y sorprendidos ojos con mano amiga, y velaré tu cadáver emblanquecido y mutante durante toda la noche y la inútil aurora que no te habrá conocido. Yo retiraré tu almohada, yo tus sábanas humedecidas. Yo, incapaz de concebir la existencia sin tu presencia diaria, querré seguir sin dilación tu pasos al contemplarte exánime. Yo iré a visitar tu tumba, y te hablaré sin testigos en lo alto del cementerio tras haber ascendido por la pendiente y haberte mirado con amor y fatiga a través de la piedra inscrita. Yo veré anticipada en la tuya mi propia muerte, yo veré mi retrato y entonces, al reconocerme en tus facciones rígidas, dejaré de creer en la autenticidad de tu expiración por dar ésta cuerpo y verosimilitud a la mía. Pues nadie está capacitado para imaginarse la muerte propia.”

Javier Marías (“El hombre sentimental”)