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jueves

[IJ] El montón de arena

Pasábamos las tardes como idiotas jugando a lanzar la jara sobre el montón de arena sin otra pretensión que permaneciese en pie durante el breve intervalo de tiempo que tardábamos en ir a recogerla. Háblabamos de Tintín, de D'Artagnan, al que tanto queríamos, de Huckleberry Finn, de Sherlock Holmes, o de John Silver, entre otros muchos. A los dos nos fascinaba Silver y siempre anhelábamos más protagonismo para él. Un día quisimos reescribir el final de aquel libro que tantas veces habíamos leído pero abandonamos la idea cuando nos dimos cuenta de que aquel pirata con loro en el hombro dejaba de interesarnos si lo manteníamos con vida.

También había mucho silencio aquellas tardes. Unos prolongados y reconfortantes silencios. Una complicidad callada que precedía siempre alguna conversación incómoda. Las chicas, por ejemplo. Había poco de que hablar, pero a veces, como cuando Idoya llegó al colegio, ellas se convertían en una conversación difícil de evitar. Él pensaba que era un poco remilgada y a mí me pareció demasiado mayor para nuestra edad, pero la verdad es que a ambos nos gustaba mucho aquella chica extraña y nueva. Aquel día las jaras penetraban con fuerza en la arena humedecida por la lluvia y ninguno de los dos todavía sabíamos cuánta vida posterior encerraba aquella escena. Silenciosa y cotidiana, como todas las tardes de la infancia.

©José Luis Pineda Requena
Córdoba, 14 de enero de 2010