Pufff, cómo explicar?. Es el único libro de este autor y es una traducción del yiddish, lo cual lo hizo bastante "intraducible" hasta hace relativamente poco.
El libro pintó bien, me gustó toda esa descripción de la Nueva York de principios de siglo donde llegaban barcos cargados de inmigrantes. El espacio en que se defendían todas esas personas que buscaban un futuro mejor. Todo muy oscuro y muy lúgubre. Esa relación madre-hijo, este padre absolutamente fuera de lugar. Me gustó el comienzo del libro, pero sinceramente, la historia se fue poniendo farragosa hasta terminar en un final bastante anodino. No lo recomiendo.
viernes
jueves
Feria
Ayer fue un día de feria, fiesta, alcohol ... y vaga memoria.
Uno de esos días que no quedarán marcados como memorables en mi vida. Tan, tan que no voy a escribir ni una palabra más sobre él.
Uno de esos días que no quedarán marcados como memorables en mi vida. Tan, tan que no voy a escribir ni una palabra más sobre él.
miércoles
Una vez Argentina, Andrés Neuman
Ayer terminé "Una vez Argentina", de Andrés Neuman.
Lo recomiendo. Es un repaso profundo e irónico a la vez de los últimos tiempos en Argentina. Contado a través de los personajes de su supesta familia, emigrantes venidos de todas partes, este joven talento hispano-argentino va tejiendo una historia con idas y venidas, con personajes interesantes, entrelazando su propia infancia y su visión del país y sus circunstancias.
Me ha parecido un libro muy bien escrito y muy divertido. Es cortito (256 pag.) y se lee con mucha fluidez.
Lo recomiendo. Es un repaso profundo e irónico a la vez de los últimos tiempos en Argentina. Contado a través de los personajes de su supesta familia, emigrantes venidos de todas partes, este joven talento hispano-argentino va tejiendo una historia con idas y venidas, con personajes interesantes, entrelazando su propia infancia y su visión del país y sus circunstancias.
Me ha parecido un libro muy bien escrito y muy divertido. Es cortito (256 pag.) y se lee con mucha fluidez.
lunes
¿La estrella que me guía?
Y llegó la feria.
Llegaron los fuegos de artificio y el lucir de las bombillas. Las sevillanitas de las cordobesas, las mujeres bonitas, la simpatía, el embrujo del arte, las risas. Y con todo eso vino también Estrella.
Estrella venía precedida de mucha expectación, dos intentonas fallidas y esa humanidad que desborda Rafi me habían convencido que merecería la pena conocerla. No podría decir ahora cómo me imaginaba que sería, ni cómo hubiese querido que fuese. Quizás eso sea bueno. La realidad es que Estrella vino a poner unos puntos seguidos en mi vida. Incluso ahora dos días después se ha difuminado bastante su imagen en mí pero anoche la eché de menos y quizás eso sea bueno también.
Sin embargo primera noche de feria también tuvo un momento amargo, el reencuentro. Cinco meses después volví a ver a esa mujer que sin querer ni probablemente saber destruyó mi vida y la volvió a construir en cierta forma y manera. Nunca desde que nos conocíamos habíamos pasado tanto tiempo sin vernos, lo que añado para cargar de emotividad la situación. Nos saludamos, e intenté fingir normalidad pero claro, no se puede aparentar normalidad cuando las cosas no son normales. Después nos fuimos, cada uno por su lado, con la música a otra parte. Volví a recurrir absurdamente a las palabras bonitas y terminé por zambullirme en la escapada etílica que tuvo una resaca más esperanzadoramente buena que otras veces. Podría decir que estoy triste porque aún me reconocí enfermo pero en el fondo me alegré porque la fase terminal aparenta haber pasado. Y eso es bueno también.
Después vino el sábado y la amistad de César y su abrazo, y su visita, y la feria de nuevo. Y Estrella, claro. Diversión sin medida que dieron paso a la escena más romántica de los últimos tiempos, lo cual tampoco es mucho decir. La sinceridad y los sueños, el puerto en Buenos Aires, la complicidad de una mirada, sus sonrisas que me hablaban, una promesa, un ardor, la despedida y el beso, el beso después de la muerte.
Llegaron los fuegos de artificio y el lucir de las bombillas. Las sevillanitas de las cordobesas, las mujeres bonitas, la simpatía, el embrujo del arte, las risas. Y con todo eso vino también Estrella.
Estrella venía precedida de mucha expectación, dos intentonas fallidas y esa humanidad que desborda Rafi me habían convencido que merecería la pena conocerla. No podría decir ahora cómo me imaginaba que sería, ni cómo hubiese querido que fuese. Quizás eso sea bueno. La realidad es que Estrella vino a poner unos puntos seguidos en mi vida. Incluso ahora dos días después se ha difuminado bastante su imagen en mí pero anoche la eché de menos y quizás eso sea bueno también.
Sin embargo primera noche de feria también tuvo un momento amargo, el reencuentro. Cinco meses después volví a ver a esa mujer que sin querer ni probablemente saber destruyó mi vida y la volvió a construir en cierta forma y manera. Nunca desde que nos conocíamos habíamos pasado tanto tiempo sin vernos, lo que añado para cargar de emotividad la situación. Nos saludamos, e intenté fingir normalidad pero claro, no se puede aparentar normalidad cuando las cosas no son normales. Después nos fuimos, cada uno por su lado, con la música a otra parte. Volví a recurrir absurdamente a las palabras bonitas y terminé por zambullirme en la escapada etílica que tuvo una resaca más esperanzadoramente buena que otras veces. Podría decir que estoy triste porque aún me reconocí enfermo pero en el fondo me alegré porque la fase terminal aparenta haber pasado. Y eso es bueno también.
Después vino el sábado y la amistad de César y su abrazo, y su visita, y la feria de nuevo. Y Estrella, claro. Diversión sin medida que dieron paso a la escena más romántica de los últimos tiempos, lo cual tampoco es mucho decir. La sinceridad y los sueños, el puerto en Buenos Aires, la complicidad de una mirada, sus sonrisas que me hablaban, una promesa, un ardor, la despedida y el beso, el beso después de la muerte.
viernes
La Corredera
La Corredera es un sitio con encanto. Siglos de miradas la contemplan.
El destino me ha llevado a vivir cerca, muy cerca. Y ahora disfruto como nunca las tardes de verano en esa plaza con la compañía de mis libros. Pero no siempre sucede así. A veces, como ayer, suelen venir a visitarme Meli y Victoria, y entonces el cocktail suele ser más demoledor.
Me gusta ese lugar variopinto, donde puedes encontrarte de todo, chicas a la moda, hippies sonrientes, gitanitos, mucho arte, fumetas, papás en bicicleta. Todos se mezclan y conviven.
Me gusta mirar la luna desde la Corredera. La luna rodeada de estrellas. Me gusta ver cómo se desvanecen mis castillos en el cielo y cómo, con ese transformar de la materia, que nunca se destruye, se levantan en la otra parte de la plaza, mientras voy perdiendo la manija de mis propios sueños, de mi propia voluntad.
Me gusta dejarme atrás la Corredera, volver por donde he venido. No conocer el camino. Me gusta comer por necesidad, el desorden de mis días, la almohada en los riñones, la juventud entre los dedos, mi vida corre que corre.
©José Luis Pineda Requena
Córdoba, 20 de Mayo de 2005
El destino me ha llevado a vivir cerca, muy cerca. Y ahora disfruto como nunca las tardes de verano en esa plaza con la compañía de mis libros. Pero no siempre sucede así. A veces, como ayer, suelen venir a visitarme Meli y Victoria, y entonces el cocktail suele ser más demoledor.
Me gusta ese lugar variopinto, donde puedes encontrarte de todo, chicas a la moda, hippies sonrientes, gitanitos, mucho arte, fumetas, papás en bicicleta. Todos se mezclan y conviven.
Me gusta mirar la luna desde la Corredera. La luna rodeada de estrellas. Me gusta ver cómo se desvanecen mis castillos en el cielo y cómo, con ese transformar de la materia, que nunca se destruye, se levantan en la otra parte de la plaza, mientras voy perdiendo la manija de mis propios sueños, de mi propia voluntad.
Me gusta dejarme atrás la Corredera, volver por donde he venido. No conocer el camino. Me gusta comer por necesidad, el desorden de mis días, la almohada en los riñones, la juventud entre los dedos, mi vida corre que corre.
©José Luis Pineda Requena
Córdoba, 20 de Mayo de 2005
miércoles
Mayo en Córdoba
Un mes sin decir nada. Un mes sin nada que decir a este diario anónimo que nadie conoce ni lee pero que algún día me servirá para ver cómo estuve, como me encotré y cómo me repuese.
Es mayo en Córdoba y la ciudad abre sus patios hermosos y viejos a los ojos del mundo. El sol despide a base de calor al invierno más frío nunca y todo parece bello aquí. Mas no es un mayo cualquiera, es el primer mayo sin ella, a la que intento olvidar. A la que cada vez recuerdo menos pero que todavía lastra mis alas.
Poco a poco voy reconponiéndome, pero aún sigo sin norte ni guía. Me esfuerzo en aprender a disfrutar de mi soledad, en buscar los valores positivos de mi nuevo estatus. Y los detecto y los exploto pero no estoy seguro de que me satisfagan. Todo parece vacuo a veces, pero el convencimiento de que es, tiene que ser, un proceso lento, pausado, me mantiene en pie. Sé que voy a salir de aquí y que voy a salir mejor, más curtido, más fuerte, más yo. Sé que el amor vendrá de nuevo pero no ahora, no hasta que no levante la rodilla que quedó anclada a la tierra. No hasta que vuelva a mirar de frente a la vida, no hasta que vuelva a reencontrarme conmigo mismo.
Es mayo en Córdoba y la ciudad abre sus patios hermosos y viejos a los ojos del mundo. El sol despide a base de calor al invierno más frío nunca y todo parece bello aquí. Mas no es un mayo cualquiera, es el primer mayo sin ella, a la que intento olvidar. A la que cada vez recuerdo menos pero que todavía lastra mis alas.
Poco a poco voy reconponiéndome, pero aún sigo sin norte ni guía. Me esfuerzo en aprender a disfrutar de mi soledad, en buscar los valores positivos de mi nuevo estatus. Y los detecto y los exploto pero no estoy seguro de que me satisfagan. Todo parece vacuo a veces, pero el convencimiento de que es, tiene que ser, un proceso lento, pausado, me mantiene en pie. Sé que voy a salir de aquí y que voy a salir mejor, más curtido, más fuerte, más yo. Sé que el amor vendrá de nuevo pero no ahora, no hasta que no levante la rodilla que quedó anclada a la tierra. No hasta que vuelva a mirar de frente a la vida, no hasta que vuelva a reencontrarme conmigo mismo.
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