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lunes

Silencio

Abandonamos los lugares en silencio. Nos marchamos sin marcharnos del todo porque pensamos que no puede dejarse atrás lo que tanto ha significado, pero de repente, un día pasas por un lugar que te era tan familiar, que significó tanto para ti, y han pasado dieciocho años desde que te fuiste. Me ocurrió hace unos días al volver a pasar por el instituto. Un instituto de pueblo que es más pequeño de lo que a mí me parecía, cuando  llegaba cada mañana, desde un pueblo aún más pequeño, en aquel gastado autobús. Me detuve frente a sus paredes blancas a tratar de evocar recuerdos, a tratar de retroceder el tiempo hasta aquel momento en el que era un niño que salía a la vida sin saber mucho de casi nada. Aquellos fueron momentos felices, las amistades para toda la vida se forjaron ahí, los primeros amores se encontraron ahí, los primeros fracasos, las primeras frustraciones, las grandes alegrías que empezaron a conformar lo que yo iba a ser ocurrieron allí, entre aquellas cuatro paredes que me parecían tan grandes aunque no lo fueran.

Es fácil recordar aquello que ha sido importante, pero lo cierto es que allí, frente a aquel vetusto instituto que tan nuevo era en aquel tiempo en el que lo habité, me di cuenta del irremisible y lacerante paso del tiempo. Han pasado dieciocho años .

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