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martes

Ella y la orgía perpetua, Ana Muñoz de la Torre

Un día un amigo con aires de crack me dijo: visita esta página que te va a gustar como escribe esta chica. Y como era de esperar no se equivocó. Yo, gran amante de las orgías y de la literatura me sentí abrumado por el descubrimiento. Todo en uno. Sin envoltorios. Y así, empecé a sumergirme de forma retrospectiva en esa orgía perpetua que esta chica, paisana para más inri, había diseñado para nuestro uso y disfrute. Después, poco después, vino la publicación del libro, y las casualidades, tantas aún por explorar. En la segunda lectura orgiástica, mucho más ordenada y sobre el papel -como tiene que ser-, descubrí cosas muy emocionantes y encontré en la voz que emana de Ella tantos sentimientos paralelos que a veces me impresionó. El capítulo del blanco y negro, el del 19 de agosto -esa fecha- y las cartas de amor -ese trabajo-, y otros tantos que me hicieron seguir pensando en la casualidad, esa extraña combinación de circunstancias que siempre me embaucó.

Es una lectura que recomiendo porque, tras los años que llevo con el blog, sé que os encantará a todos. Y coloco el doble post porque me gustaría contribuir con mi granito de arena en la ayuda a impulsar a esa pléyade de autores desconocidos que pelean por vivir en lo que creen, rodeadeos de literatura, como siempre soñé. Esa legión de escribas que tan bien comprendo y de la que Ella, con la que tengo tantas cosas en común que todavía ni siquiera sabemos, ya ha dado un paso al frente y a mí me gustaría empujarla, aunque mi empujón sea muy pequeñito, un poco más hacia delante.

domingo

El otro lado

La que hoy termina ha sido una semana extraña, una semana de echar la vista atrás. Se cumplía un año desde que empezé a habitar este minúsculo apartamento que hace las veces de hogar incluso cuando se haga difícil entender esa palabra. Ha pasado un año ya desde que reuní todos mis libros de nuevo. Y eso bien merecería una fiesta que todavía no hice.

Y se han cumplido, en esta semana, tres años tres de esa triste y redonda fecha del simulacro más vil del que fui cómplice en mi vida. La primera vez que lo denomino así, sin ambages, ni rodeos autocompasivos, pero tal vez tres años sea demasiado poco tiempo para lo lejano que lo siento, y la distancia haya despejado telarañas y mentiras con las que uno trata de camuflarse dentro de su propia vida.

Y para terminar, se cumplieron siete años siete desde que esuché a Sabina cantar en directo. Cantar ruido, cantar princesa, cantar contigo. Cantar Y sin embargo, sentir de nuevo, como si los años se hubiesen concentrado en esas dos únicas noches. Y descolgar el teléfono desde Córdoba como en Madrid y no llamar a Córdoba pero querer compartir, como siempre y entonces, la lítost tan intraducible del checo pero tan diáfana al entendemiento cuando te recorre el alma y te atenaza que te acompaña en el camino a casa mientras piensas que han pasado siete años y dentro de esos siete tres, y también uno más, el último, desde que por primera vez cruzaste la puerta de este hogar tan en cursiva y sentir que ya no queda casi ni nostalgia en la que refugiarse, sino uno solo ante la nada. Y entonces, tomar la decisión más importante de los últimos años, así, improvisada y abruptamente, con la convicción de que eso y no otra cosa es lo que justo ahora necesitas. Y así, descorres con el brazo los libros que poco a poco han ido invadiendo tu cama, esos perros fieles compañeros de viaje, como recuerdo y bálsamo de soledad, para amontonarlos todos a un lado y decirles que ahora, ese será su lado y éste, el mío. Treinta y un años después, empezar a ocupar el otro lado de la cama es una decisión tan trascendente que estoy seguro cambiará mi vida.






domingo

El concepto del arte

Arte: 2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Finito llegó a Lucena herido para dar al mundo una lección práctica y rotunda sobre ese confuso concepto que ha movido al hombre desde el principio de los tiempos: el arte. Esa palabra que todos usamos siempre para expresar algo que nos emociona, algo que sin tener una lógica detrás, sin razón posible, nos conmueve los sentidos. Entonces decimos que eso es arte. Desde ayer, todos los que tuvieron el privilegio de acudir a ese pueblo cordobés donde Finito consumaba su acción y efecto de volver a aparecer, todos, tendremos más respeto y miedo a esa palabra, porque Finito unió música y pintura, escultura y literatura, lo metió todo en su muleta y de ahí brotó el concepto de arte más diáfano que yo, persona apasionada, pueda recordar. Él terminó abriéndonos la herida perpetua que deja el arte verdadero cuando consigue aparecer.

Podría escribir folios y más folios si tuviese que narrar la faena de ayer, tal vez habría de reescribir el cossío si hubiera que analizar la maestría del torero ante aquel animal. Pero no voy a hacer eso porque se me queda grande el recuerdo, se empequeñecen las palabras. Recordaré sí, para toda la vida, la media verónica de recibo, y recordaré para siempre el toreo poderoso con la diestra, recordaré, como si se hubiese quedado impregnado en la memoria, sus nudillos manchados de albero y su muleta muy adelante, arrastrándose cadenciosamente hasta ese lugar donde dicen solo pueden llevarla los elegidos pero donde yo sólo he visto llevarla a él, así una y otra vez y recuerdo, que uno de aquellos derechazos pareció que no terminaría nunca y el torero, en la desnudez del sentimiento, con un leve giro de tobillo, lo prolongó más, todavía un poco más de lo que ya parecía imposible a los ojos de tanto incrédulo, ofreciendo una definición precisa de verdad y profundidad. Eso es, verdad y profundidad.

Y recordaré también la locura en las gentes, el éxtasis colectivo, el moderado señor mayor de mi lado que terminó desatado en la locura porque tal vez sus años, más que a ningún otro, le estaban gritando hasta hacerlo enloquecer lo que allí estaba aconteciendo: toreaba un califa, el sexto, y toreaba desterrando corduras e incertidumbres. Y así, continuó el deleite hasta conseguir lo más sublime que puede alcanzar un torero sobre el albero, perdonar la vida a su enemigo. Dejar marchar a un toro que lo miraba sorprendido, porque hasta él mismo sabía que no lo merecía. Y todos nos quedamos pensando y aún hoy lo sigo haciendo que sin dibujar un trazo, sin escribir una palabra o componer una nota, ayer, Finito elevó el arte a la categoría de eterno y nos regaló ese concepto para siempre.


©José Luis Pineda Requena
Córdoba, 08 de julio de 2007



jueves

El último mohicano

http://www.cordobadeporte.com/indice.phtml?articulo=145931

Desde esta misma mañana, el fútbol está un poco más vacío, es un poco más insustancial, es una vez más un frívolo negocio. Fernando Torres ha dicho basta. El niño eterno, cansado de proyectos menores que no estaban a la altura de la historia del club que le contó su abuelo, ha desistido del grandioso ideal de llevar al equipo de su infancia, al equipo del que es hincha, a recuperar de nuevo su grandeza. Lo intentó, de todas las formas posibles, pero el hastío acabó por vencerlo y ha optado por marcharse. El último mohicano de nuestro fútbol se ha rendido. Se apaga una de las últimas velas de romanticismo que alumbran un fútbol cada vez más corrupto y falso, cada vez más manchado por la pérdida de hombres como él.

Hoy es uno de esos días en los que uno, que siente los colores, quisiera despertar y descubrir que todo es una maldita pesadilla, despertarse para poder seguir creyendo. Pero la realidad es que no ha habido despertar alguno, sino una fatídica rueda de prensa en la que un presidente juzgado y declarado culpable por el Tribunal Supremo por apropiación indebida del club que expolia y ningunea, ha hecho una loa a Fernando y le ha deseado lo mejor. Un presidente que con la connivencia del otro propietario, llegó a un club que era el tercero de España y al que en un efímero período de tiempo han convertido en el quinto, han llevado a segunda división, lo han mancillado, vilipendiado y dejado tan lejos de los títulos que ya ni siquiera se recuerda cómo era la lucha. Un presidente al que, tal vez porque no tenga, no se le ha caído la cara de vergüenza cuando el mejor jugador que han visto sus ojos, a su derecha, decía que se iba al Liverpool porque le ofrecía un proyecto deportivo que aquí no tenía. Ha habido un momento entonces que dudé si era el Getafe o el Atleti, al ver la sonrisa de felicidad de ese presidente ignominioso que no se merece la grandiosa historia de ese club, sonrisa propiciada por lo único que tal vez le preocupara en ese instante, que era ver cómo salía ileso en la inculpación del famoso caso Torres. Para completar el surrealismo de esta historia, el máximo accionista, mientras acontecía la mayor desgracia de este club desde su llegada al mismo, se encontraba de vacaciones.

Ya está, se acabó. Torres lo ha dicho claro: "La decisión ha sido mía". Ha preferido cambiar la gloria eterna por una tal vez más rápida, pero sin duda más insulsa. Le ha podido la sed del momento, la sed del que se siente un campeón enjaulado. Personalmente no se lo reprocho, me parece lícito, humano. Ha soportado demasiado. Pero yo, en contra de toda esta prensa hipócrita que nos secunda que lo han estado vendiendo vil y falsamente desde que tenía diecisiete años por el único motivo de ser y sentirse del otro equipo de la capital, pienso que Fernando se ha equivocado. Podría haber sido un mito en el Atleti. Con sus números, habría sido sin duda el mejor jugador de la historia del conjunto rojiblanco y creo que ninguno de los trofeos que pueda conseguir en el club de Anfield -que también está por ver- podrán alcanzar tanto peso.

Ahora, en el Atleti se abre un nuevo capítulo. Torres ya no está. Ya no habrá más parapetos. Ya solo les queda por vender el Calderón. La afición adormecida tal vez despierte y entonces, tal vez de una vez se exija a los gestores y apropiadores indebidos tanta barrabasada, tanto destrozo de la historia y así quizas por fin todo cambie. Cambiar para no seguir cambiando, para volver a ser lo que fuimos, curiosa paradoja. Cambiar de una vez. Mientras tanto los niños que hoy lloraban su marcha desconsolados, continuarán recordando a Torres, quien desde aquella gris ciudad nos seguirá añorando, y alentando. Y nosotros a él. Porque aunque no se lo crean, hay amores que son para toda la vida.

Suerte Fernando y GRACIAS POR TODO.

You'll never walk alone.


lunes

El amor siempre

Éste ha sido un fin de semaña extraño, de playa sin playa y de médicos sin consulta. Ha sido un fin de semana de Pulp Fiction, pero eso merecería otra entrada y tal vez la tenga.

Como colofón, aconteció la entrega de premios del VI certamen literario foro cultural Puente de Encuentro, en el que me habían concedido el segundo premio en la modalidad de poesía. En un marco incomparable, la azotea del hotel Hesperia de Córdoba, con el río y la Mezquita al fondo, tuve que leer la obra presentada: "El amor siempre", que estaba compuesta por cuatro poemas. Fue divertido y gratificante, aunque sinceramente no esperaba tener que leer porque pensé que sólo lo harían los gandadores.

Quiero hacer un agradecimiento especial para Yolanda y otro para Antonio que por su propia voluntad quisieron acompañarme en este momento anecdótico y emotivo. Al fin y al cabo, ésta era la primera vez que ganaba algo material con la literatura.